Naique Mazquiaran es directora de Orizon Agua Mineral, empresa patagónica dedicada a la producción de agua mineral natural. Bajo su gestión, la compañía sostiene un modelo de triple impacto que busca equilibrar el desarrollo económico, el cuidado ambiental y el progreso de las comunidades de la región.
En diálogo con AGUALATAM, Mazquiaran repasó qué distingue a la producción de agua mineral de otros productos del sector, qué etapas resultan clave para garantizar su calidad y cómo la empresa organiza su logística frente a las condiciones climáticas propias de la Patagonia.
¿Qué implica producir agua mineral y qué la distingue de otros productos del sector?
Producir agua mineral implica ante todo comprender que no estamos elaborando un producto, estamos preservando un recurso natural único. A diferencia de otras bebidas o incluso de otras aguas que pueden ser tratadas o modificadas, el agua mineral natural nace con una composición propia definida por la naturaleza a lo largo de miles de años. Nuestro compromiso es intervenir lo menos posible para que llegue al consumidor exactamente con las mismas características con las que emerge el manantial.
Esa responsabilidad comienza mucho antes del envasado, significa proteger la fuente, gestionar el recurso de manera sostenible y entender que se trata de un patrimonio natural que debe preservarse para las futuras generaciones. En Orizon asumimos ese compromiso desde un modelo de triple impacto, donde cada decisión busca equilibrar el desarrollo económico, el cuidado ambiental y el progreso de las comunidades. Queremos que producir de manera responsable implique crecer sin comprometer el patrimonio natural ni el futuro de quienes habitan el territorio.
Ese propósito también se refleja en nuestras acciones: desde el 2003 la fuente de agua y las tierras donde desarrollamos nuestra actividad cuentan con certificación de producción orgánica, un reconocimiento que respalda la preservación del entorno y el cumplimiento de estrictos estándares de trazabilidad y cuidado ambiental. Además, elegimos generar valor agregado en origen, desarrollando una industria en la Patagonia que crea empleo y oportunidades en una región con enormes desafíos, demostrando que es posible combinar excelencia, sostenibilidad y desarrollo local. Eso es lo que distingue a Orizon: cada botella es la expresión de un territorio, su composición es un recorrido natural a través de los suelos patagónicos, en un entorno preservado y de mínima intervención humana.
No buscamos modificar esa esencia, sino conservarla para que quien la elija pueda experimentar la autenticidad, la pureza y el carácter del lugar de donde nace.
¿Qué etapas del proceso son clave para asegurar su calidad?
La calidad de un agua mineral natural como Orizon no comienza en la planta de producción, sino en la protección de su origen. Por esto, la primera etapa es la preservación de la fuente y del entorno que la rodea, asegurando que el recurso mantenga de manera natural las características que lo hacen único. A partir de allí, todo el proceso está diseñado para preservar esa calidad. La captación se realiza respetando el flujo natural del manantial, sin bombeos ni perforaciones, minimizando la intervención para conservar intacta su composición original. El envasado se realiza en origen, lo que evita traslados innecesarios del agua.
A esto se suma un sistema de gestión basado en la trazabilidad y en estrictos controles de calidad. Cabe aclarar que las aguas minerales tienen que ser envasadas en origen. Y luego también se hacen estrictos controles de calidad con monitoreos microbiológicos y fisicoquímicos que verifican de manera permanente que cada lote conserve las propiedades que son propias de Orizon, de nuestra agua mineral natural de manantial y de tierras orgánicas. Para nosotros la calidad no es solamente el resultado de un análisis de laboratorio, es la consecuencia de una cadena de decisiones responsables que comienza con el cuidado del recurso, continúa con procesos rigurosos y culmina con el compromiso de entregar al consumidor un producto que conserve íntegramente la pureza y la identidad de su origen.
¿Qué desafíos presenta operar en un entorno con condiciones climáticas complejas?
Operar en la Patagonia implica asumir desafíos que van mucho más allá del proceso productivo. Las condiciones climáticas, con fuertes vientos, bajas temperaturas y grandes amplitudes térmicas, requieren una infraestructura preparada para responder durante todo el año. A esto se suma el desafío logístico propio de una región con grandes distancias, baja densidad poblacional y una limitada disponibilidad de proveedores y servicios especializados. Ese contexto nos llevó a desarrollar una empresa con una fuerte capacidad de planificación y una mirada de largo plazo. Cada decisión, desde la gestión de insumos hasta la distribución del producto, exige anticipación, eficiencia y un profundo conocimiento del territorio.
Estas son justamente las características que hacen diferente a Orizon. Somos patagónicos y desde el inicio sabíamos que producir en este entorno implicaría grandes desafíos. Elegimos asumirlos porque creemos en el enorme valor de nuestro territorio, los recursos naturales y en la posibilidad de desarrollar una industria sostenible desde el origen. Esa identidad también se expresa en el agua. Sus notas de sabor reflejan la esencia de la Patagonia y el recorrido natural que realiza a través de un entorno preservado.
Cada botella transmite la autenticidad, la pureza y el carácter de un lugar único que inspira nuestra manera de producir y de entender el desarrollo.
¿Cómo se organiza la logística cuando el clima, como la nieve, afecta la operación normal?
La logística es una parte clave de nuestra operación. Para abastecer nuestra base logística y de acopio recorremos más de 300 kilómetros desde la planta de producción, atravesando rutas patagónicas que en muchos tramos presentan un importante nivel de deterioro. Esto representa un desafío adicional, especialmente por el tipo de producto que transportamos. Con el tiempo fuimos aprendiendo y adaptando nuestros procesos. Trabajamos mucho en el diseño y la estabilidad de los palets para que resistan las condiciones del camino y lleguen al punto de venta en las mismas condiciones en las que sale de nuestra planta de producción.
Durante el invierno, la planificación cobra todavía más importancia. Las nevadas, el hielo, el congelamiento de cañerías o los cortes de ruta pueden modificar completamente la operación. Por eso trabajamos con planes de contingencia y junto con nuestros clientes anticipamos el consumo para evitar situaciones de desabastecimiento. Es un trabajo conjunto. Nosotros planificamos nuestra producción y logística y nuestros clientes también nos acompañan con una previsión de sus necesidades.
En la Patagonia sabemos que no siempre se puede controlar el clima, pero sí estar preparados para enfrentarlo. Cada salida a la ruta implica tomar recaudos especiales. Los vehículos viajan con cadenas, kits de invierno y todos los elementos necesarios para responder ante una eventual emergencia. Esa preparación forma parte de nuestra forma de trabajo y la responsabilidad que asumimos en cada entrega.
Por otro lado, el tema del invierno, las nevadas, el clima, para nosotros es muy importante para lo que es el acuífero. El acuífero se carga con agua de lluvia y de deshielos, entonces estas nevadas son necesarias para este ciclo natural del acuífero, para que se cargue y haga todo este recorrido subterráneo absorbiendo los minerales; todo esto lo genera en el tiempo la naturaleza. Es muy importante tener este momento del invierno con nevadas, o lluvias, que puedan cargar el acuífero.


