El medio brasileño especializado en políticas públicas JOTA publicó un análisis, firmado por Isadora Cohen, socia de ICO Consultoria y especialista en derecho de infraestructura, y Ana Paula Fernandes Abrahão, gestora ambiental especializada en saneamiento y recursos hídricos, que plantea que la disponibilidad de agua barata y abundante dejó de ser un supuesto garantizado para Brasil y que la gestión del recurso pasó a ocupar un lugar central en la agenda de infraestructura del país.
Según datos de la Agencia Nacional de Aguas y Saneamiento Básico (ANA) citados en el artículo, el reúso de agua en Brasil representa menos del 2% del total de aguas residuales tratadas, mientras que el promedio mundial se ubica cerca del 11%. Las autoras señalan que esa diferencia refleja tanto un atraso relativo del país como un margen amplio de expansión para este tipo de soluciones.
El texto menciona experiencias internacionales que, según las autoras, demuestran que las barreras técnicas al reúso de agua ya fueron superadas hace décadas. Cita el sistema NEWater de Singapur, que abastece a la industria de semiconductores y refuerza los reservorios públicos en períodos de sequía; el caso de Windhoek, en Namibia, que opera desde 1968 uno de los primeros sistemas de reúso potable directo del mundo; y el de Israel, donde cerca del 90% de las aguas residuales tratadas se reutiliza en la agricultura.
En Brasil, el artículo destaca a Aquapolo Ambiental, definido como el mayor emprendimiento de reúso industrial de América Latina, operado por una asociación entre GS Inima Brasil y Sabesp, que abastece principalmente al Polo Petroquímico de Capuava en reemplazo de agua potable. También menciona la Estación Productora de Agua de Reúso (EPAR), a cargo de la empresa Sanasa Campinas, que provee agua para limpieza urbana, combate de incendios y desobstrucción de redes.
Las autoras atribuyen el avance lento del reúso en el país a lo que definieron como el "Costo Brasil hídrico": un escenario en el que la tecnología está disponible y la demanda crece, pero la expansión choca con incertidumbres regulatorias e institucionales. Entre los factores mencionados figuran la falta de directrices nacionales uniformes, conflictos de competencia entre distintos niveles de gobierno, dudas sobre la titularidad del servicio de reúso y un costo inicial del agua reutilizada que, sin incentivos tarifarios, suele ser más alto que el del agua potable captada de ríos o reservorios.
El artículo señala avances recientes en la materia, como el trabajo de la ANA en la elaboración de normas de referencia, la apertura de una consulta pública por parte del Ministerio de Ciudades para un decreto federal sobre reúso, y el avance en el Congreso de Brasil de los proyectos de ley PL 6.715/25 y PL 10.108/18, orientados a definir conceptos, transparencia y titularidad en la materia. Las autoras concluyen que, si esa agenda regulatoria avanza, la actual década podría marcar el inicio de una transición de Brasil hacia un modelo de gestión hídrica basado en la eficiencia y la circularidad, en lugar de la abundancia.


