El fenómeno climático El Niño, caracterizado por el aumento anómalo de la temperatura superficial del océano Pacífico central y oriental, atraviesa una fase de intensidad que distintos organismos internacionales califican entre las más altas de las últimas décadas. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el fenómeno se fortalecería entre agosto y octubre de 2026, con proyecciones que ubican la temperatura en la región central del Pacífico hasta 2,9 °C por encima de los valores históricos. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) calculó en un 97% la probabilidad de que El Niño se mantenga activo hasta el segundo trimestre de 2027, con un 81% de posibilidades de alcanzar una intensidad "muy fuerte" hacia fines de 2026. El secretario general de la ONU, António Guterres, describió la situación al señalar que "El Niño no está solo en la puerta, está dentro de la casa y subiendo la calefacción".
De acuerdo con la OMM, las temperaturas por encima de lo habitual afectarán a gran parte de las zonas continentales, entre ellas África, el sur de Europa, la península arábiga, el subcontinente indio, el este de Asia, América Central, el Caribe y buena parte de Sudamérica. El organismo prevé precipitaciones por encima del promedio en el sur de Europa y el sudeste de Sudamérica, mientras que anticipa déficit hídrico en el noroeste sudamericano y el norte de Europa. Para el caso argentino, el meteorólogo Marcelo Madelón explicó que las lluvias podrían superar ampliamente los registros habituales durante el verano, con inundaciones en el centro y el este del país: "Si normalmente aparece con inundaciones, este superniño puede aparecer con inundaciones incluso más profundas", señaló.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) alertó sobre los efectos que el fenómeno podría tener en los sistemas sanitarios de la región. Según el organismo, 756 hospitales de emergencia en las Américas están expuestos a inundaciones costeras vinculadas al aumento del nivel del mar. La OPS también identificó un mayor riesgo de enfermedades transmisibles como cólera, leptospirosis, malaria, dengue, zika y chikungunya, además de un incremento de afecciones respiratorias asociadas al humo de incendios forestales y del estrés térmico, señalado como una de las principales causas de muertes vinculadas al clima. El organismo sumó a este panorama un aumento de casos de ansiedad, duelo y trastorno de estrés postraumático asociados a eventos climáticos extremos.
El fenómeno también repercute sobre los ecosistemas marinos. El aumento de la temperatura oceánica reduce la capacidad de los océanos para absorber dióxido de carbono, lo que contribuye a la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Entre los efectos observados se cuenta el blanqueamiento de arrecifes de coral, producto de la pérdida de las algas simbióticas que les dan color y sustento, con la consecuente reducción de la biodiversidad marina y el impacto en las especies que dependen de esos ecosistemas para alimentarse y reproducirse.
La OMM remarcó que la combinación de El Niño, el calentamiento global y una fase positiva del dipolo del océano Índico —con el sector occidental más cálido que el oriental— puede intensificar sequías, lluvias extremas e incendios forestales. En ese marco, el científico Zeke Hausfather, de Berkeley Earth, sostuvo que el pico de El Niño podría superar el récord de temperatura anterior en 0,8 °C, lo que llevaría la temperatura media global de 2027 hasta 1,7 °C por encima del promedio preindustrial. Ese valor superaría el umbral de 1,5 °C establecido por el Acuerdo de París, aunque ese límite refiere a un promedio sostenido durante varias décadas y no a un único año.
El fenómeno también incide en la temporada de huracanes: un El Niño fuerte suele reducir la formación de tormentas tropicales en el Atlántico por el aumento de vientos en altura, con una probabilidad del 55% de que el número de tormentas atlánticas quede por debajo del promedio histórico, mientras que el Pacífico podría registrar mayor cantidad de ciclones por sus aguas más cálidas. En paralelo, un estudio publicado en la revista Science Advances evaluó la posibilidad de modificar artificialmente nubes sobre el océano para debilitar la intensidad de El Niño, mediante simulaciones que lograron reducir el calentamiento superficial en el sudeste del Pacífico. Los propios autores advirtieron que esa intervención podría acelerar la transición hacia La Niña y generar cambios climáticos inesperados en regiones alejadas, como Europa y Asia, por lo que sus implicancias científicas y éticas permanecen sin resolver.



