La Argentina suele percibirse como un país con abundancia de agua, pero la realidad hídrica es más compleja: cerca del 70% del territorio nacional presenta condiciones áridas o semiáridas, y el 85% del escurrimiento superficial se concentra en la Cuenca del Plata, que ocupa apenas un tercio de la superficie del país. Esta distribución desigual del recurso es, según especialistas, un factor determinante para el desarrollo económico, social y ambiental de las distintas regiones.

La heterogeneidad climática y geográfica del país impide aplicar soluciones uniformes, lo que convierte a la gestión del agua en un desafío principalmente institucional y de coordinación federal. Dado que el dominio originario de los recursos hídricos es provincial, la administración del agua enfrenta una fragmentación normativa y técnica que dificulta la coordinación en las cuencas compartidas entre distintas jurisdicciones.

Tanto la escasez como el exceso de agua generan impactos económicos significativos. Durante la sequía registrada entre 2022 y 2023 —tres años consecutivos con precipitaciones por debajo del promedio—, las pérdidas en cultivos estratégicos como soja, trigo y maíz superaron los 14.140 millones de dólares, según estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario. En el extremo opuesto, el fenómeno de El Niño de 2015-2016 provocó inundaciones y desbordes que llevaron a declarar la emergencia hídrica en siete provincias.

En materia de infraestructura, datos de 2023 indican que el 87% de la población argentina cuenta con acceso a agua potable, mientras que la cobertura de saneamiento llega al 64%, una brecha considerablemente mayor. El Censo 2022 expuso además disparidades marcadas tanto entre provincias como dentro de ellas, entre las áreas urbanas consolidadas, las localidades pequeñas y las zonas rurales.

Los organizadores del encuentro presentaron proyecciones de disponibilidad hídrica hacia mediados de siglo que varían según la región. En Mendoza se estima una reducción de alrededor del 20% en la disponibilidad de agua hacia 2050 respecto de los niveles de 2020. En La Rioja se proyecta una caída de cerca del 12% en las precipitaciones, en un contexto en el que la población podría crecer hasta un 40%, lo que aumentaría la presión sobre recursos superficiales y subterráneos ya estresados. En Río Negro se prevén cambios en la disponibilidad hídrica hacia 2055 asociados a un incremento en la evapotranspiración y en los requerimientos de riego agrícola. El Consejo Federal de Inversiones (CFI) aclaró que estas proyecciones no son determinísticas, sino herramientas para orientar decisiones de inversión y eficiencia en el uso del recurso.

Para abordar estos desafíos, el CFI y representantes de las provincias organizaron un Encuentro Federal del Agua de tres jornadas, con la participación de especialistas de la Argentina, Brasil, México, España, Israel y los Países Bajos, junto con organismos como la FAO, la UNESCO y el IICA. El debate se organizó en torno a cinco ejes: disponibilidad y riesgo hídrico, agua potable y saneamiento, uso productivo y eficiencia, calidad del agua y ambiente, y gobernanza, planificación e inversión. La Escuela Federal de Desarrollo del CFI, por su parte, ofrece una diplomatura en gestión hídrica orientada a formar equipos técnicos de las distintas provincias.