Copernicus.com.ar es una plataforma online de monitoreo satelital que mide, con cada pasada del satélite, parámetros como la clorofila, la turbidez y la temperatura de lagunas y otros espejos de agua. AGUALATAM dialogó con su fundador y CEO, Germán Kovacevic, sobre el origen de la herramienta, los riesgos sanitarios y legales de las floraciones de cianobacterias, el primer puesto obtenido en el hackatón CarpinchIA de la Universidad Nacional del Delta (UNDelta) —orientado a soluciones de inteligencia artificial para desafíos reales del territorio— y los próximos pasos del proyecto.

AGUALATAM: ¿Cómo surge Copernicus?

Germán Kovacevic: Gonzalo Meschengieser, presidente de la Cámara Argentina del Agua, lo dijo en el hackatón de UNDelta mejor que nadie: el agua es la infraestructura crítica del siglo XXI. En el Delta eso no es una metáfora, es la identidad del territorio. Y es mi territorio: vivo y navego acá con mi familia hace más de doce años, en un barrio rodeado de lagunas y canales. Copernicus nace de una pregunta que cualquier vecino se hizo alguna vez: ¿por qué se pone verde el agua de la laguna? La respuesta es la eutrofización. Cuando el agua recibe exceso de nutrientes, está quieta y se calienta, las algas y las cianobacterias se multiplican muy rápido. Ese verde es clorofila, y la clorofila tiene una firma de color que se puede medir desde el espacio.

AG: ¿Qué riesgos trae la proliferación de algas y cianobacterias en las lagunas?

G. Kovacevic: Trae dos riesgos. El primero es para la salud: algunas floraciones de cianobacterias producen toxinas que afectan la piel, el hígado o el sistema nervioso. El Manual del Programa provincial de Cianobacterias marca tres vías de exposición: tragar agua, el contacto al bañarse o hacer deportes náuticos, y respirar el rocío que levantan una moto de agua o un remo. Los más expuestos son los chicos que juegan en la orilla y las mascotas que toman agua de la laguna, y una floración puede aparecer en cuestión de días. El segundo riesgo es legal y económico. En la provincia de Buenos Aires, cada barrio con espejo de agua debe presentar ante la Autoridad del Agua dos declaraciones juradas por año con el Índice de Estado Trófico, por la Resolución 1207 del año 2019. Si ese índice supera 80 durante dos semestres seguidos, corresponde multa, y el incumplimiento puede llevar a revocar la aptitud hidráulica del barrio. Además, el Código de Aguas prevé para las infracciones multas de hasta 120.000 litros de gasoil, suspensión del uso del agua y caducidad de permisos.

AG: ¿Qué es Copernicus y cómo complementa los controles que prevé la normativa?

G. Kovacevic: La norma tiene un punto ciego: el tiempo. Se puede cumplir al pie de la letra y pasar cinco meses sin una sola medición, y una laguna de hasta veinte hectáreas se certifica desde un solo punto. Dos fotos por año, desde un punto, para un cuerpo de agua vivo que cambia todas las semanas. Ahí entra Copernicus.com.ar, una plataforma online de monitoreo satelital del agua que trae visibilidad entre esas dos muestras. Con cada pasada del satélite, cada cinco días, medimos toda la superficie del espejo: clorofila, Índice de Estado Trófico —con la misma fórmula que pide la norma—, turbidez, extensión y temperatura del agua, contra una línea de base histórica desde 2018. Cuando aparece una señal compatible con mayor riesgo de floración, la administración recibe el aviso con el sector afectado, a tiempo para muestrear donde y cuando importa, y para actuar antes de que el problema llegue a la declaración jurada o a la orilla.

AG: ¿Reemplaza el monitoreo satelital al laboratorio y existen antecedentes de su uso en el sistema oficial de la provincia de Buenos Aires?

G. Kovacevic: No reemplazamos al laboratorio ni al biólogo: la muestra de campo sigue siendo la verdad de referencia. Los complementamos. Y lo opera un agente de inteligencia artificial de forma autónoma: elige la imagen sin nubes, controla la calidad, calcula los índices y arma el reporte, con una regla no negociable: si un dato no es confiable, se declara faltante, nunca se inventa. Un dato muestra que el camino es este: el Cianosemáforo de la Provincia ya usa el satélite como sensor principal, y en la actualización del 18 de septiembre, 59 de los 74 puntos con dato se informaban con apoyo satelital. Pero ese sistema cubre lagunas públicas y de uso recreativo, no las lagunas internas de los barrios. Ese espejo queda a cargo de cada urbanización, y Copernicus le da a cada barrio esa misma mirada, sobre su propia laguna, los doce meses del año.

AG: ¿Qué significó el primer puesto en CarpinchIA y qué destacó el jurado de la propuesta?

G. Kovacevic: CarpinchIA fue una experiencia enorme. Lo organizó la Universidad Nacional del Delta, con foco en soluciones de inteligencia artificial para desafíos reales del territorio. Para nosotros, lo más valioso del primer puesto fue quién lo eligió: un jurado con referentes del sector, entre ellos la Cámara Argentina del Agua; Nacira Muñoz, doctora en Ciencias Biológicas, exvicepresidenta del INTA y docente de la Universidad Nacional de Córdoba; e investigadores de inteligencia artificial. Que gente que conoce el agua y el territorio te elija es la mejor validación que puede tener un proyecto así. Creo que nos destacaron tres cosas. Primero, que no llevamos una idea: llevamos algo funcionando. Mostramos en vivo el sistema de lagos de Nordelta, más de 340 hectáreas, con más de ocho años de historia de clorofila. Ahí se ve cómo, en la primavera de 2020, el sistema detectó por sí solo un pico de clorofila, el tipo de aviso que llega cuando todavía se puede actuar. Segundo, el rigor: contrastamos la lectura satelital con un estudio científico de campo de ese mismo cuerpo de agua, y van en la misma dirección. Donde hay diferencias no las escondemos, nos sirven para calibrar. En el agua, la confianza en el número es todo. Y tercero, la escala: el mismo motor que vigila la laguna de un barrio ya corre en municipios, en oil & gas, minería y agro, en cuatro países.

AG: ¿Cuáles son los próximos pasos de Copernicus?

G. Kovacevic: Primero, calibrar: vamos a cruzar la señal satelital con muestreo de campo y laboratorio para tener un modelo propio, calibrado para el Delta. Eso hace el número todavía más sólido. Segundo, que la serie satelital acompañe el expediente de cumplimiento de cada barrio ante la autoridad, como la evidencia continua que hoy le falta entre una declaración jurada y la siguiente. Tercero, crecer: barrios, municipios y empresas, con el corredor San Fernando, Tigre, Escobar como punto de partida. Y cuarto, el río. En octubre de 2026, Yacyretá abrió sus 18 compuertas, Puerto Iguazú superó su nivel de evacuación y en el Delta creció la preocupación por la onda de crecida que baja por el Paraná. Por eso sumamos la capa del río: seguimos el Paraná en 22 hidrómetros, de Puerto Iguazú al Delta, y pronosticamos la altura del río Luján en San Fernando hasta 30 horas antes, para anticipar las sudestadas. En la del 9 de octubre, el pronóstico marcó 2,56 metros 25 horas antes del pico; el río llegó a 2,58. Con un El Niño que puede ser de los más fuertes desde que hay registros, la temporada recién empieza. Ese río es también la mejor prueba de que el desafío es latinoamericano: el Paraná lo comparten Brasil, Paraguay y Argentina, y lo que pasa aguas arriba se siente aguas abajo. La obligación legal es local, pero el problema del agua es regional, y el motor no cambia. Si se puede ver desde el espacio, lo podemos monitorear. Y a quien tenga un desafío de agua, lo invito a escribirnos en copernicus.com.ar. Como dice nuestro lema: para nosotros el cielo no es el límite, es el punto de partida.