El lago Mead, el mayor embalse de Estados Unidos y principal reserva del río Colorado, alcanzó el viernes 7 de agosto una elevación de 1.040,4 pies (317,1 metros) sobre el nivel del mar, según reportaron medios estadounidenses con base en datos oficiales. Se trata del nivel más bajo registrado desde que el embalse se llenó por primera vez, hace casi 90 años, y queda apenas por debajo del récord anterior, de 1.040,58 pies (317,27 metros), registrado en julio de 2022.
De acuerdo con la información difundida, el descenso responde a una combinación de factores que se acumularon durante más de 25 años: el calentamiento regional, una menor acumulación de nieve en la cuenca del río Colorado —descripta como la peor capa de nieve registrada en la zona— y el uso histórico del recurso por parte de los siete estados y las naciones que dependen de él. Como resultado, el caudal promedio del río cayó de unos 15 millones de acres-pie anuales en el siglo pasado a cerca de 12 millones en lo que va del actual.
El nivel del embalse se acerca a un umbral considerado crítico para la operación del sistema: 1.035 pies. Si el lago cae por debajo de esa marca, algunas turbinas de la represa Hoover deberán detenerse, lo que reduciría en un 70% la capacidad de generación hidroeléctrica de la instalación. Un pronóstico difundido en julio de 2026 estimó que el embalse podría acercarse a ese umbral en los próximos meses y ubicarse por debajo de él hacia la primavera de 2027.
Ante ese escenario, funcionarios federales de Estados Unidos resolvieron no liberar agua más fría desde el lago Powell, a través de la represa Glen Canyon, con el objetivo de proteger especies de peces nativos amenazadas y priorizar la capacidad de generación eléctrica del sistema. Días antes, se había dado a conocer una propuesta para que California, Nevada y Arizona compartan nuevos recortes en su asignación de agua, luego de que los siete estados que integran la cuenca no lograran un acuerdo de distribución a largo plazo.
El río Colorado abastece de agua a más de 40 millones de personas distribuidas en siete estados —Arizona, California, Colorado, Nevada, Nuevo México, Utah y Wyoming—, además de distintas naciones tribales y dos estados de México. La situación del embalse es seguida de cerca por las autoridades de ambos países, dado que los recortes de agua acordados en Estados Unidos también inciden en la asignación que recibe México en el marco de los tratados binacionales vigentes.
El caso del lago Mead se suma a otros episodios de estrés hídrico registrados este año en distintos puntos de América, y vuelve a poner en agenda la discusión sobre la gestión de largo plazo de una cuenca compartida por múltiples jurisdicciones, en un contexto de sequía prolongada y demanda creciente.



