Los 25 embalses que monitorea la Dirección General de Aguas (DGA) de Chile incrementaron su capacidad conjunta en casi 2.500 millones de metros cúbicos en poco más de un mes, como consecuencia de las lluvias registradas durante julio de 2026. Pese a esta recuperación, especialistas advierten que el volumen adicional no resulta suficiente para revertir los efectos acumulados por años de sequía y de uso intensivo del recurso hídrico en el país.

Roberto Pizarro Tapia, director de la Cátedra UNESCO en Hidrología de Superficie de la Universidad de Talca, explicó que esta mejora debe analizarse dentro de un sistema integral que incluye no solo los embalses, sino también los ríos, los suelos y las aguas subterráneas. Según el especialista, el aumento registrado "no necesariamente va a restaurar los desequilibrios hídricos, pero sí nos da una esperanza importante de que se tienda hacia ese objetivo".

La recuperación de las reservas no se distribuyó de manera uniforme entre las distintas regiones del país. El embalse La Paloma, en la Región de Coquimbo, pasó de un 5% a un 30% de su capacidad entre fines de junio y comienzos de agosto. En la Región del Maule, en tanto, los cinco embalses monitoreados por la DGA aumentaron en conjunto de un 38,6% a un 65,61%, un incremento cercano a los 27 puntos porcentuales en el período analizado.

El aumento de los caudales también obligó a realizar operaciones preventivas en algunos puntos del territorio. En el embalse Rapel, la DGA informó la apertura de compuertas luego de que el nivel de almacenamiento alcanzara el 90% de su capacidad, lo que permitió liberar de forma controlada más de 8.000 metros cúbicos de agua para proteger la infraestructura existente y regular eventuales nuevas crecidas.

Pizarro remarcó además la diferencia funcional entre los embalses, que constituyen reservas superficiales, y los acuíferos, que almacenan agua en el subsuelo. Según indicó, las crecidas de los ríos favorecen la recarga de los acuíferos libres a través de procesos de infiltración, por lo que el mayor caudal disponible en esta temporada podría contribuir también a la recuperación de las napas subterráneas en el mediano plazo.

El especialista insistió en que la mayor disponibilidad de agua registrada este año debería aprovecharse para reducir las brechas hídricas existentes y recuperar los equilibrios de las cuencas, en un país que enfrenta una megasequía de carácter estructural. De acuerdo con los datos difundidos por la DGA, la recuperación observada en julio y agosto de 2026 constituye una señal favorable, aunque no despeja las dudas sobre la disponibilidad de agua a largo plazo en Chile.