La Universidad de las Naciones Unidas, a través de su Instituto para el Agua, el Ambiente y la Salud (UNU-INWEH), difundió un informe en el que introduce el concepto de "bancarrota hídrica" para describir un fenómeno que, según el documento, ya afecta a numerosas regiones del planeta: cuencas fluviales y acuíferos que perdieron la capacidad de volver a su comportamiento histórico. El trabajo, publicado con motivo del 30° aniversario del instituto y en la antesala de la Conferencia del Agua de la ONU de 2026, plantea que episodios que antes se consideraban shocks temporales —sequías, escasez, contaminación— se volvieron crónicos en buena parte del mundo.
Según el informe, el 75% de la población mundial vive actualmente en países con estrés hídrico o falta de seguridad en el suministro de agua. El documento también señala que más de la mitad de los grandes lagos del planeta atraviesan un proceso de reducción de su superficie, y que unos 2.000 millones de personas habitan sobre terrenos que se hunden como consecuencia de la sobreexplotación de aguas subterráneas. A esto se suma, de acuerdo con el reporte, una pérdida de humedales en los últimos 50 años equivalente a toda la superficie de la Unión Europea.
El informe atribuye un peso central a la agricultura en la presión sobre los recursos hídricos, ya que ese sector concentra el 70% del consumo de agua dulce a nivel global. Kaveh Madani, autor principal del trabajo, sostuvo que "muchas regiones han vivido muy por encima de sus posibilidades hidrológicas", y comparó la situación con "una cuenta bancaria a la que se le extrae dinero cada día sin que entre un solo depósito".
Frente a este panorama, la UNU-INWEH propone un cambio de enfoque: pasar de la reacción permanente ante emergencias hídricas a lo que el informe denomina "gestión de la bancarrota". Esa gestión incluiría una contabilidad transparente del agua disponible, con límites de uso ejecutables, y la protección del capital natural vinculado al recurso —acuíferos, humedales, suelos, ríos y glaciares—.
El documento también plantea la necesidad de transiciones orientadas a la equidad, que protejan a las comunidades más vulnerables frente a los ajustes que exige un uso más sostenible del agua. En ese sentido, propone encarar la inversión en gestión hídrica no solo como respuesta a un riesgo, sino como una oportunidad estratégica capaz de generar avances simultáneos en materia de clima, biodiversidad, seguridad alimentaria y salud.
Según Kaveh Madani, una inversión seria en agua "puede destrabar progreso en clima, biodiversidad, tierra, alimentación y salud, y servir como plataforma práctica para la cooperación internacional". El informe concluye que actuar antes de que el estrés hídrico derive en pérdidas irreversibles es la condición para evitar que la denominada bancarrota hídrica se profundice en las próximas décadas.


